-Debemos estar hechos el uno para el otro -dice él, acariciando su mejilla. La mejilla de ella, vaya, no de él mismo, que sería bastante raro.
-¿Y dónde queda el libre albedrío, me puedes decir? -pregunta ella-, a mi me gusta la idea de habernos elegido.
-Y yo qué sé -dice él y se hace a un lado para seguir andando por la avenida-. El libre albedrío es un estado mental. Por ejemplo, cuando me recuesto en tu senos sé que estoy aprisionado a ellos, al cálido nido de tu canalillo, pero yo elijo estar ahí y soy más libre que nunca. Es como estar en el medio del Argonath, con Isildur y Anárion defendiéndome de todo mal.
-Qué raro... -exclama ella riendo.
-¿Qué raro el qué, el que me guste? -pregunta él con la mirada de frente, sin voltear.
-No, eso es normal -aclara ella-. Qué raro que has dicho senos y no "domingas", "melones", "tetazas"...
-Hombre, eso no es raro -dice él-. Como todas las deidades, sus adoradores les dan varios nombres.
-Allá hay una banca, ¿nos sentamos? -exclama ella y señala con la mano que tiene libre. En la otra trae un helado. Él asiente. No el helado, vaya.
-Y ahora son deidades, jo... ¿y la leche es una teofanía? -dice ella riendo mientras se acomoda-. Seguro que les escribes. Mejor a ellas que a mi...
-¿Y me vas a decir que eso es malo? -dice él- ¡Deberías estar agradecida!, con las millones de tetas en el mundo que estarán hambrientas de un poco de lírica, un poco de poesía en sus vidas. Senos tristes sin nada que las inspire a seguir luchando, que de no ser por sus respectivos sostenes se vendrían abajo.
-Bueno eso último de hecho es así, independientemente de la poesía.
- Pero ya me entiendes -dice él y se recuesta a lo largo de la banca apoyando su cabeza en las piernas de ella. No de la banca, claro, que para empezar no tiene piernas-. Es bastante serio. De hecho uno de mis proyectos literarios es fundar una ONG por la causa, "Poetas por las tetas", algo así...
-Bueno, estábamos hablando del libre albedrío, ¿podemos volver a eso?
-Sí, claro. Aunque hablar de tetas también está muy bien -dice él y sonríe.
-¿Quieres? -dice ella y señala el helado con los ojos. Es decir, lo señala con los ojos, con la mirada, no que el helado tenga ojos y ella lo señale.
-¿Hablar de tetas?, ¡claro!
-¡No!
-Ah, helado. No, gracias.
-Tú te lo pierdes -dice ella y se encoje en hombros-. ¿Puedes ejemplificar con tetas cualquier tema filosófico, no?
-El panteísmo no. Con eso de que son dos... aunque, un día puede darte cáncer y tengan que extirparte una y, bueno, mejor no pensemos en eso.
-¿Me seguirás queriendo si pasa? -dice ella riendo.
-Mejor no pensemos en eso, te digo.











2 comentarios:
Hace rato que no leía algo tuyo.
Un blog muy divertido buen trabajo
s2
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