Mi vida siempre fue un pequeño objeto curioso comprado por fascículos. Ahorrar y comprar, primero el cascarón, en dos entregas o tres; y luego todo lo demás, cada vez cosas más pequeñas, cada vez más caras y antes de que me diera cuenta, ya estaba preso en ese sistema. Y renunciar. Renunciar y faltarte unas pocas piezas y no servir de nada así, pero no saber qué te falta, no saber si podrás, alguna vez, conseguirlo; porque nunca le viste, no sabes qué forma tiene, qué engranes moverá. Sólo sabes que falta porque supones el funcionamiento, algún funcionamiento. Y no hay tal.
Todas las mañanas sueño, después que me despierto, antes de levantarme; que estaría muy bien poder reducir el mundo a apenas unas pocas cosas sencillas. La vida como ecuación y la inteligencia como método de simplificación. Formular la madrugada. Victorias para corazones lastimados. Los paraolímpicos. Los sábados de danzón en la Ciudadela. Las tardes de ajedréz en la plazoleta de la Solidaridad. El rincón de los viejos, los fracasados y los débiles. El tacto de los tejidos en las plantas, desperezarse, los ruidos de afuera que cuentan cosas que no sabes de gente que no conoces, el vapor del aliento, vapor de la ducha y vapor del té hirviendo. Vapores. No reconocerse. Limpiar los vapores y aún así, no reconocerse. Soy una obra inconclusa, una novela compleja que supero a su autor. Nunca escribí líneas las bellas como las que quise.
O evitar que amanezca. Todas las noches intento, después de acostarme, antes de dormir; cerrar la cortina que da al mundo y mantenerme ahí. Siempre de noche para dormir y dormir más. Siempre de noche.











1 comentarios:
M ha encantado la idea!!!hechos de fasciculos x diossss!!!a veces si q m siento asi...hecha a cachitos...en 1 puzzle desarmado...
Saluditos de la chica en piecitas.
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